Este libro ha sido publicado por Editorial “Nueva Tierra”, con Imprimatur de Armando Franco, Obispo de Oria (Italia) el 1º de noviembre de 1994. El original está en italiano. Traducción Ana Elisa Bazzolo.
Luego de una permanente exaltación de la importancia de la experiencia sensible de Dios, afirma el Padre Darío Betancourt, citando al P. Heriberto Muhlen, en la página 24:
“La mayoría de los católicos están cansados ya de abordar siempre y sólo críticamente la tradición de la Iglesia : ¡quieren llegar de nuevo a poder tratar realmente, de forma inmediata con Dios mismo! Nosotros, ciertamente, no creemos en las afirmaciones doctrinales, en los ministerios, en las formas litúrgicas, sino que todo esto debe ser solamente una mediación hacia el mismo Dios”
En este peligrosísimo párrafo se logra engañar al inocente fiel, que previamente ha sido adormecido en la supuesta eficacia y veracidad del Padre Darío Betancourt, al traernos sus testimonios de curaciones y consolaciones sensibles.
Los fieles muy bien pueden hacer una síntesis del párrafo diciendo:
“LOS CATOLICOS ESTAMOS CANSADOS DE LA TRADICIÓN , QUEREMOS TENER EXPERIENCIAS DIRECTAS DE DIOS, SIN INTERMEDIARIOS DE NINGUNA CLASE; SIN MISTERIOS, SIN DOCTRINAS EN LAS QUE CREER, SINO SÓLO LO EXPERIMENTABLE, QUE TODO SEA PALPABLE”
Esta doctrina es explicitada por el párrafo inmediato siguiente:
“Por ello deseamos de nuevo verlo y oírlo a Él mismo, el revelador del Padre, y desearíamos ardientemente, como Tomás, poder introducir nuestras manos en la llaga del costado del Resucitado. Añoramos aquella inalterable seguridad de la fe que nos es dada por semejante encuentro con el Resucitado ”.
Sin embargo Nuestro Señor no alaba la actitud de Tomás, sino que la reprende y con cierta pesadumbre añade el Señor: “Tomás, por que me has visto has creído, bienaventurados los que crean sin ver” (Jn. 20,29). Con sólo este párrafo el Padre Darío Betancourt se pone en contra de la exégesis de los Santos Padres de todas las épocas.
Nótese que SEGURIDAD DE LA FE está destacado en el original; pero, sin embargo, es una expresión contradictoria, por cuanto inmediatamente antes habla del deseo de ver, oír y tocar a Dios Nuestro Señor, con lo cual la “seguridad” no estaría dada por la Fe , sino por la experiencia sensible anhelada.
En el capítulo: “CÓMO RECIBIR Y COMUNICAR EL ESPIRITU SANTO” , que comienza en la pág. 31, el Padre Darío Betancourt relata una experiencia propia acerca de la recepción del Santo Espíritu:
“Me renovaron la presencia del Espíritu Santo”
“Una vez encontré un grupo de personas de Puerto Rico que me preguntaron si yo había recibido al Espíritu Santo. Muy disgustado respondí: por supuesto. Lo tengo desde el bautismo, la confirmación y la ordenación sacerdotal y por los otros Sacramentos que he recibido. Ellos me dijeron: puede ser que lo tenga, pero no se le nota mucho. ¿Quiere que hagamos una oración por Ud.? Muy indignado me fui. Por el camino algo me decía: qué orgullosos son los sacerdotes. Estos pequeños míos todo lo que querían era orar por ti y tú los despreciaste. Pídeles excusas. Regresé al lugar en donde estaban y ellos con mucho amor y cariño me dijeron, padre vamos a orar por usted. Me impusieron las manos y empezaron a orar en lenguas; yo dentro de mí decía: ¡qué bobos! Cuando terminaron de orar ellos me preguntaron si sentía algo y yo les respondí: nada.”
“Entonces me dijeron: puede ser que dentro de unas 48 horas experimente algo.”
“Exactamente, 48 horas más tarde, estando leyendo una revista, comencé a sentir como un calor en el corazón que me hacía caminar de un lado al otro de la habitación en donde estaba al mismo tiempo que me hacía decir en voz alta: Gloria a Dios, Aleluya, Gloria a Dios, Aleluya.”
“Mi madre se encontraba enferma en la cama y cuando me veía caminar de un lado al otro de la habitación me decía: ¿hijito qué le pasa? y yo le respondía: Usted no pregunte solamente diga: Aleluya, Gloria a Dios.”
“En esta situación estuve desde las 11 de la noche hasta las 3 de la mañana cuando al fin pude controlarme .” “Como se ve, por este testimonio, hubo una efusión del Espíritu Santo de manera manifiesta.”
finaliza el Padre Darío Betancourt.
Intentaremos interpretar este increíble pasaje de la “experiencia de Dios” del Padre Darío Betancourt:
En primer lugar nos hallamos con “un grupo de personas” ; sabemos que no son sacerdotes sino laicos, porque la “voz” que le habla al Padre Darío Betancourt le recrimina las actitudes de los sacerdotes para con los más pequeños, luego estos del grupo no son sino laicos.
Los laicos imponen las manos a los sacerdotes , contraponiéndose a toda la tradición del Antiguo y Nuevo Testamento y a los casi dos mil años de historia de la Santa Iglesia Católica.
Estos mismos laicos le piden al sacerdote imponerles las manos, ya que no notaban la presencia del Espíritu Santo en el Padre Darío Betancourt. Él, luego de escuchar voces raras y de seguir esas voces sin discernir desde donde provienen, accede a esta imposición de manos y oración (¿Consagratoria?).
Pero parece ser que el espíritu que debía bajar estaba ocupado en ese momento, y entonces dilatan la operación sensible de esta “efusión” a 48 horas después, tiempo que se cumple con exactitud.
RESULTADO: como un alienado, sin control, se puso a gritar y a saltar en el cuarto donde estaba su madre enferma durante 4 (¡cuatro!) horas sin parar.
Sin embargo estos no son los frutos del Divino Espíritu , que siempre trae consuelo y paz, tranquilidad, reposo, gozo, satisfacción.
Culmina aseverando: “ Como se ve, por este testimonio, hubo una efusión del Espíritu Santo de manera manifiesta .” Por lo tanto debemos entender que de manos de estos laicos se ha operado tal efusión; ENTONCES LA IGLESIA NO NECESITA MÁS DE OBISPOS O SACERDOTES, SINO QUE YA LOS LAICOS SE BASTAN SOLOS.
En la página 34 afirma el Padre Darío Betancourt:
“POR ESTAS EXPERIENCIAS (Del Espíritu Santo), JESÚS, EN SU HUMANIDAD, CADA VEZ IBA ACLARANDO LA CONCIENCIA DE QUE ÉL ERA EL MESÍAS”
Pero esta es una proposición condenada por la Iglesia de Cristo:
Errores de los modernistas acerca de la Iglesia , la revelación, Cristo y los Sacramentos
(Del Decreto del Santo Oficio Lamentabili del 3 de julio de 1907)
Nº 35 – CRISTO NO TUVO SIEMPRE CONCIENCIA DE SU DIGNIDAD MESIÁNICA. (DZ. 2035)
A lo que el decreto dice: Su Santidad (San Pío X) aprobó y confirmó el decreto de los Eminentísimos Padres y mandó que todas y cada una de las proposiciones arriba enumeradas fueran por todos tenidas como reprobadas y proscritas.
Entre los muchos testimonios acerca de curaciones, experiencias sensibles de Dios, y otras por el estilo, que buscan sensibilizar al lector, predisponerlo para escuchar con expectativa “todo” lo que le dirán a continuación, algunas son increíbles, llenas de mentiras y hasta blasfemas, como esta:
Un psiquiatra se convierte por la Virgen María.
"Cuando yo era niño mi abuelita me dormía rezando el santo rosario. A los 18 años ingresé a la universidad y me convertí en un perfecto ateo pues pensaba que la religión era para los ignorantes, y la ciencia para los cultos e inteligentes. Cada vez que alguien hablaba de Dios yo decía que Dios era una creación de la mente del hombre para atenuar o mitigar su angustia ante la idea de la muerte, y que Cristo era un delirante con poderes parapsicológicos y un extremista que había venido a la tierra. A los 23 años me casé por lo civil. Cuando nació mi primera hija y la fuimos a bautizar el sacerdote que nos atendió insistió en que si no me casaba por la Iglesia no bautizaba a la niña. Me casé pero desafortunadamente después de que nació mi segunda hija, me separé y me divorcié de mi esposa.”
“Me fui a vivir a otra ciudad y allí me casé de nuevo. Un día, estando en el hospital donde trabajo, un compañero me pidió que fuera a visitar a su tío quien decía que una Virgen que él tenía en la casa lloraba sangre. Con gran curiosidad fui a visitar al señor. Como gran coincidencia el día que fui era Viernes Santo. Después de hablar un rato con este señor, él me dijo que me iba a dar la bendición. Tan pronto el señor me impuso las manos sobre la cabeza caí sentado en un sillón, experimentando una gran paz, y por un lapso de 20 minutos no pude mover ni un dedo. Totalmente intrigado salí rápidamente para mi casa a pedirle a mi esposa que por favor me enseñara a rezar el santo rosario, pues durante el tiempo que estuve sin poder moverme lo único que se me vino a la mente fue el recuerdo de mi abuela cuando me dormía rezando el rosario. Mi esposa gustosamente me enseñó y a partir de ese momento es la alegría de un nuevo despertar saber que, después de otras oraciones siempre rezo el rosario cuando voy camino al hospital. Me he llenado de una gran paz la que cada día se ha intensificado por medio de la oración. Gloria a Dios.”
“En mi hogar reina la paz. Somos ocho personas pues con mi esposa y conmigo viven las niñas del primer matrimonio, más los hijos del segundo matrimonio, pero no se distingue entre los unos y los otros pues allí reina la armonía y el amor. Como yo no puedo compartir lo de mi conversión con ninguno de mis colegas fui a hablar con el obispo y preguntarle por qué me sucedió esto a mi estando yo en la situación en que estoy. El me dijo que sólo Dios lo sabe, pero que él creía que el Señor se valió del tío de mi amigo para que me convirtiera. Ahora el Obispo está tratando de solucionar mi situación ante la Iglesia para que algún día toda mi vida esté en orden.”
“Actualmente cuando atiendo a los pacientes les tomo las manos o les toco el hombro. Muchos de ellos me han dicho que cuando lo hago sienten como un calor que les corre por todo el cuerpo. Algunos se han sanado y se han dado varias conversiones, entre ellas la de una señora madre de un médico, quien se bautizó. La familia de esta señora no me lo perdona como si hubiera sido yo quien efectuó la conversión.”
“Otro fenómeno que me ha ocurrido es que al ver comulgar a la gente, como yo no puedo hacerlo sino espiritualmente debido a mi situación, siento como si algo me quemara por dentro, como si a pesar de no poder comulgar, el Señor me está regalando la sensación de que Jesús ingresa por mi boca y entra en mí corazón.”
“Este fenómeno lo consulté con un sacerdote y él me dijo que este era un regalo del Señor.”
“Padre Darío, puede publicar mi testimonio para la gloria de Dios. Dios lo bendiga. Marcelo Dezzi.”
Efectuemos un breve análisis sobre algunas de las cosas que el Padre Darío Betancourt intenta que creamos:
En primer lugar no hay conversión por medio de la Virgen Santísima , porque esta supuesta conversión es operada, incluso sacramentalmente, por el tío del amigo, mediante la imposición de manos. Ni siquiera se mantuvo esa curiosidad que esta persona decía tener por la supuesta sangración de la imagen de la Virgen , suceso más importante y contundente que la “experiencia” del fiel seguidor, pero que sin embargo es pasado por alto. El hombre, Marcelo, es psicólogo, divorciado; vive en concubinato con una mujer y tiene hijos de la primera y de la segunda mujer, (no se menciona que la primera mujer hubiese muerto) y que viven todos juntos “sin distinciones”. A esta “nueva mujer” se la llama en el testimonio “esposa”. Marcelo, luego de la “sensacional experiencia”, va a ver al Obispo, quien ahora está tratando de solucionar su situación ante la Iglesia. Pero luego de la “experiencia del Espíritu Santo” operada por el seglar tío del amigo, he aquí que el psicólogo que vive en concubinato y que en ningún momento se menciona lleve una vida de castidad y separación de lecho con su adúltera amante, no solo recibe dones especiales del Espíritu Santo, sino que además los comunica, curando y convirtiendo a otras personas.
Increíble.
¡PARA FINALIZAR: CRISTO MISMO LO PREMIA CON UN REGALO SENSIBLE.!
Es como decir que Cristo anula y se enfrenta a lo que la Iglesia dispone (y Él mismo anatematiza en el Evangelio), que le anula a la Iglesia su potestad de atar y desatar, la salta y le otorga a un pecador público las consolaciones de los santos.
Ni que hablar de que el énfasis ha sido puesto por el Padre Darío Betancourt en la sensación.
En la página 60 el Padre Darío Betancourt afirma:
“La conversión es ante todo un cambio de manera de pensar más que de manera de vivir”
Sin palabras.
En el capítulo 6 “RENOVADOS POR EL ESPÍRITU” (pág. 86) dice:
“...Por lo tanto tenemos la necesidad de una nueva efusión del Espiritu Santo, de un Pentecostés personal”
De esa expresión debemos inferir que el Sacramento de la Confirmación ya no da resultado, o bien que no es el “Pentecostés personal”, como lo hemos analizado antes.
Pero se contrapone, como lo hemos visto antes, con el Magisterio de la Santa Iglesia (Concilio de Florencia, 1439: "la confirmación es el Pentecostés de todo cristiano") y por lo tanto no es católica esta afirmación. Textualmente dice el Magisterio:
“Ahora bien, en lugar de aquella imposición de manos (Hch. 8,14 ss.) se da en la Iglesia la Confirmación” “El efecto de este Sacramento es que en él se da el Espíritu Santo para fortalecer, como les fue dado a los Apóstoles el día de Pentecostés, para que el cristiano confiese valerosamente el nombre de Cristo” (Dz. 697)
Por lo tanto el Padre Darío Betancourt nos quiere poner en contra de lo que la Iglesia de Cristo ha dictaminado, incurriendo así en graves delitos canónicos.
En la siguiente página (87) afirma, sin duda hablando de Hechos, 1,5:
“Este bautismo quiere decir que sin una experiencia personal del Espíritu es imposible ser auténticos testigos”
¿Qué quiere decir esto? Lo que más arriba hemos afirmado al analizar a los carismáticos, de quienes el Padre Darío Betancourt es mentor e ideólogo: en esta postura hay desprecio por los Sacramentos instituidos por Nuestro Señor ; se los rebaja y se da más importancia al SUPER-SACRAMENTO instituido por los herejes pentecostales, llamado “BAUTISMO DEL ESPIRITU” .
Luego tratará de rectificar la postura diciendo que “no es un Sacramento nuevo” , o que “no es que nos falte el Espíritu pues ya lo tenemos por los sacramentos de la iniciación cristiana” contraponiéndose a lo que ha dicho ¡en la misma página!
Queda claro que al menos el Padre Darío Betancourt cree que la Confirmación es un Sacramento incompleto.
En la página 88 y 89 profundiza más su particular “teología”:
“¿Para qué sirve este bautismo del Espíritu?: Es la fuerza necesaria para ser testigos de Jesús ”
Es decir que sin este “bautismo del espíritu” somos cristianos mediocres e incompletos, o como dicen los émulos locales del Padre Darío Betancourt: “los católicos que no son de la Renovación Carismática son catolicos de cuarta”, es decir de inferior categoría.
El Padre Darío Betancourt y los Carismáticos dicen creer que en la Confirmación hemos recibido al Espíritu Santo, pero:
“ESTA FUERZA QUEDÓ COMO LIGADA, COMO AMARRADA EN NOSOTROS, HE AQUÍ POR QUÉ, A TRAVÉS DE ESTA EFUSIÓN (la de los Carismáticos), ESTA FUERZA SE MANIFIESTA, ES LIBERADA. CON LA ORACIÓN DE EFUSIÓN (que puede ser realizada por laicos comunes, y como hemos visto hasta por pecadores públicos) SE MANIFIESTAN EN NOSOTROS LOS EFECTOS PARTICULARES Y SENSIBLES DEL ESPÍRITU”
Es más:
“La oración de efusión es una oración para hacer surgir al Espíritu Santo, algunos lo llaman el “despertar” del Espíritu en nosotros, o Pentecostés personal ”
¡Que impías afirmaciones las presentadas por el Padre Darío Betancourt!: un Espíritu Santo que se adormila por que los Sacramentos creados por Nuestro Señor Jesucristo son imperfectos y necesitan de los carismáticos para ser efectivos .
O aún peor: detrás de esta ambivalente frase podría esconderse la conocida herejía gnóstica de que es en el hombre donde se encuentra Dios, por lo cual el hombre es Dios. Debe el hombre tomar conciencia de tal dignidad y “despertar” del letargo de la insuficiencia de la Doctrina de la Iglesia Católica , a la que hay que renovar.
Posiblemente de allí su nombre RENOVACIÓN EN EL ESPÍRITU.
Se recalca continuamente la necesidad de la oración comunitaria para llevar a cabo esa efusión, es más el Padre Darío Betancourt dice que es un signo de “FRATERNIDAD” CRISTIANA . Agrega aún: “TANTA GENTE, MILES Y MILES QUE HAN RECIBIDO LA EFUSIÓN AFIRMAN: “DESDE AQUEL DÍA MI VIDA HA CAMBIADO TOTALMENTE” . Es como si dijéramos: ¡viví engañado; creí que en los Sacramentos instituidos por Nuestro Señor Jesucristo y muy especialmente en la Eucaristía , encontraría todo lo necesario para salvar mi alma y vivir conforme a Dios! ¡Me he dado cuenta de que no es así y que necesito que los carismáticos me impongan las manos!
Estas maravillosas “experiencias” de Dios, son acompañadas por signos que impresionan a quienes no están acostumbrados. El Padre Darío Betancourt dice sobre estos (es decir sobre los católicos normales):
“Hoy en día los que critican a las personas que se emocionan ante la presencia de Dios y al ver sus maravillas, ¿no estarán actuando como fariseos modernos? ” (Pág.92)
Para responder a esta inquietud transcribiremos a continuación la propia experiencia del Padre Darío Betancourt con las “experiencias de Dios” que él dice haber tenido.
El solo hecho de leerlas terminará de despejar las dudas que aún puedan subsistir sobre la veracidad de estas “experiencias”, del Padre Darío Betancourt y del Movimiento Carismático:
“Yo como seminarista (pág. 93) rezaba: “Espíritu Santo, el día de mi ordenación quiero sentirte físicamente. No sólo quiero saber que vienes, sino también verte, sentirte, tocarte” (ya esto lo pensaba antes de existir el Movimiento Carismático y cuando era seminarista) .
“ Durante la ceremonia, en el momento de acercarme al obispo para la imposición de manos, decía dentro de mí: “ahora descenderá el Espíritu Santo sobre mí...” Pero no sucedió nada de lo que esperaba. No sentí nada. Con mucha desilusión me arrodillé delante del obispo y continuó la celebración. Mientras tanto me decía a mí mismo: “hago un acto de fe de creer que soy sacerdote, pero el espíritu santo ya no se manifiesta sensiblemente. Me sentía muy triste ”
Este terrible párrafo nos demuestra la mente enfermiza e infantiloide del Padre Darío Betancourt. Además deja en claro que el no creía, o al menos tuvo que forzarse interiormente para creer que el Espíritu Santo operaba su ordenación como sacerdote eterno, a través de las manos del Obispo, sucesor de los Apóstoles. Sin embargo no duda de la efusión que se produjo de manos de los laicos. Él estaba triste porque quería sentir algo, cualquier cosa... Ya llegaría el momento de “sentir”:
“Después de algunos momentos el ceremoniero anunció: ahora el señor obispo pronunciará la oración de ordenación por medio de la cual Darío será sacerdote para siempre"
“Puse gran atención a la oración (es decir se concentró) y en ese preciso momento comencé a sentir una especie de hormigueo sobre mi frente, como si un montón de agujas me estuvieran chuzando. Esa sensación continuó hacia el ojo izquierdo y se detuvo por un momento en la mejilla que sentía vibrar fuertemente junto con los labios. Después esta sensación descendió hasta el corazón haciéndolo latir fuertemente, como si estuviera muy emocionado. Al mismo tiempo sentía en todo el cuerpo como si un viento caliente me estuviera envolviendo y me sentía bañado en olas de amor ”
Pinchazos, hormigueos, temblores convulsivos, olas de viento caliente, parecen más bien “experiencias paranoides” o hasta una posesión del Diablo, antes que “efusión del Espíritu Santo”. Además, todo esto se produce cuando el Padre Darío Betancourt se concentra, poniendo gran atención. De la expresión: “me sentía bañado en olas de amor” preferimos no opinar por las características que posee la frase en sí.
Para terminar dice que le preguntó a todos sus compañeros que se habían ordenado si habían sentido alguna cosa, y sólo uno le dijo que había experimentado un deseo de llorar, lo cual es lógico por la emoción y por la percepción de la propia indignidad y pecados. El resto no sintió nada.
Y entonces el Padre Darío Betancourt agrega:
“Es verdaderamente necesaria esta experiencia particular y personal para vivir la vocación cristiana en plenitud: un Pentecostés personal ” (Pág. 94)
De lo que podemos inferir que el resto de los que se ordenaron en aquel día, y de los que se han ordenado a lo largo de los siglos, que no han tenido este tipo de “experiencia”, no han podido vivir la vocación cristiana con plenitud. Han estado o están incompletos. Y así lo estarán hasta que acepten recibir el “BAUTISMO DEL ESPIRITU”, “PENTECOSTÉS PERSONAL”, “EXPERIENCIA DE DIOS”, ETC.
Analicemos un nuevo párrafo de los testimonios personales del Padre Betancourt.
Cuándo recibió el subdiaconado (30 de agosto de 1963), orando la Liturgia de las Horas, se sintió invadido de una gran “alegría” y comenzó a decir “¡DIOS MÍO, VEN EN MI AUXILIO!”, rara expresión para quien está invadido de alegría. Pero él relata que inmediatamente tuvo que detenerse porque QUERÍA DECIR UNA COSA Y LAS PALABRAS QUE LE SALÍAN NO ERAN LAS DE ÉL , SINO OTRAS, ¡PALABRAS Y SONIDOS QUE ÉL NO QUERÍA PRONUNCIAR SE ESCAPABAN DE SU BOCA!, lo cual le sorprendió. Trato de calmarse y empezar nuevamente y le sucedió lo mismo; y así tanto tiempo que al final no rezó la Liturgia de las Horas. Al día siguiente fue a confesarse, por no haber cumplido con la Liturgia de las Horas. Cuando el sacerdote le preguntó por qué, él le comentó que había estado distraído. Es decir que le mintió al confesor y no le consultó sobre las cosas extrañas que le estaban sucediendo y que podían ser verdaderas manifestaciones del Espíritu Santo (creía el Padre Darío Betancourt) o del demonio o de una psiquis enferma (creemos nosotros) (Pág. 97 y 98)
Lo mismo le aconteció cuando el Obispo lo ordenó diácono:
“Cuando me impuso las manos sobre la cabeza, empece a sentir un gran deseo de orar en este modo extraño y tenia que tener la boca apretada para no hablar”.
Esto es INCREÍBLE.
En otro momento relata su vida como sacerdote (pág. 103) haciendo notar que era frío, que no tenía ganas de convertir a nadie y que se sentía vacío y triste. Hasta llegaba a competir con otro sacerdote para ver quien decía la misa más corta.
Este estado tiene una explicación:
“OBRABA ASI POR MI FALTA DE PENTECOSTES PERSONAL”.
De lo cual cabe suponer que todos los sacerdotes que no la han vivido, son fríos, vacíos y mediocres.
Como puede apreciarse claramente de las propias manifestaciones del Padre Darío Betancourt, no estamos en presencia de un auténtico exponente del sacerdocio, a imitación del Supremo Sacerdote, Cristo Nuestro Señor, sino ante un ALMA EXTRAVIADA , NECESITADA CUANDO MENOS DE UN AUXILIO ESPECIALÍSIMO DE LA IGLESIA , Y PROBABLEMENTE CON ALGUNA ALTERACIÓN DE TIPO PSICOPATOLÓGICO que a la par de una atención médica exigiría una limitación o suspensión de su ministerio; o bien se trata de UN MERCADER DE LA FE , QUE BUSCA DINERO, VANAGLORIA Y PODER, O ES UN DEMOLEDOR DE LA IGLESIA DE CRISTO.
Todas estas características de la personalidad del Padre Betancourt no son sólo actuales, sino que preexisten desde antes de su ordenación sacerdotal __ tal como él mismo expresa __ por lo cual inclusive podría ser objeto de una investigación canónica su calidad de Sacerdote.
Este es un retiro de sacerdotes, aunque no lo crea
VENGO A SANAR
Analizaremos algunos puntos aislados de este libro , que a rigor de verdad, no debió ser publicado nunca. Menos aún con Imprimatur y Nihil Obstat. Utilizamos la nueva edición ampliada de 1997. Con Nihil Obstat del Mercedario José María Delgado Varela y el Imprimatur de Luis María Estrada Petau, Obispo Administrador Apostólico de Izabal, Guatemala (quien la otorgó el 16 de junio de 1985). La Editora es “Nueva Tierra”.
En la página 38, nos explica el Padre Darío Betancourt que:
“Esta falsa idea de que Dios nos quiere sufriendo ha venido principalmente por dos canales:”
“A) El Estoicismo:”
“El ministerio de la curación se debilitó principalmente debido a la influencia de la doctrina de los estoicos en los padres de la Iglesia y en general de sus pensadores y teólogos.”
“Por esta influencia, se tendía a considerar al cuerpo humano como una cárcel que aprisionaba el alma y obstaculizaba su crecimiento espiritual. Se llegó entonces al ascetismo severo que fincaba la perfección en desconfiar del cuerpo humano, dándole muerte mediante diversas mortificaciones y penitencias. Se vivía en la expectativa de un futuro en que el alma sería liberada de la cárcel de su carne. No se valoraba el cuerpo como don de Dios ni como santuario del Espíritu Santo.”
“Por tanto todo lo que nos llevara o produjera sufrimiento o sacrificio era sobrevalorado ya que sometía al cuerpo bajo el dominio de la razón. Recuperar la salud parecía perder la oportunidad del sufrir, tan valorado por los estoicos.”
“La especial valoración de la mente y razón iba acompañada de una depreciación del cuerpo, sede de pasiones irracionales y parte mortal del hombre, había incluso que dar la bienvenida a la muerte, por que con ella la mente se liberaba de las cadenas corporales.”
En este impresionante y esclarecedor pasaje el Padre Darío Betancourt manifiesta su desprecio hacia la Iglesia de Cristo: desprecio a los Santos Padres, a los Padres del Desierto, a los anacoretas, a las órdenes mendicantes, a los ascetas , que fueron a llorar sus pecados y los de los demás.
Betancourt les echa la culpa a ellos de que un “Ministerio dado por Cristo” como es el de la curación se haya “debilitado”.
A tal punto llega la confusión y la mentira que predica Betancourt que dice: (pág 16)
Así como a Moisés, Dios le dijo “Yo soy el que soy” aquí afirma: Yo soy el que sana (Ex. 15,26) como si el ser de Dios fuera sanar, ya que sanar es sinónimo de salvar.
La tremenda exaltación del cuerpo y de la salud corporal han llegado en este párrafo a ser un insulto a Dios. Betancourt dice aquí que el ser de Dios es sanar, y que sanar es sinónimo de salvar. Es incomprensible esta mixtura entre la sanidad y la santidad.
Esta interpretación que intenta confundir a los ingenuos seguidores no es la interpretación de la Iglesia. El Ser de Dios es existir, no sanar. La sanación y la salvación podrían ser tomados como sinónimos siempre que hablaramos de sanación espiritual y no corporal.
San Jerónimo, Santa María Magdalena, Santa María Egipcíaca, San Antonio, y miles y miles de Santos que se martirizaron en el desierto, en el ayuno, en la mortificación, en la penitencia, no sólo están equivocados, sino que han sido cómplices de que hayamos perdido la verdadera noción del cuerpo, de la mente, de la razón (el alma, según él) y del “ministerio de curación”.
No sólo los Padres citados, sino también están equivocados los teólogos y los pensadores que opinaron que el cuerpo es prisión del alma, que el cuerpo ejerce una despótica atracción hacia los placeres y el desorden, que por culpa del pecado original el cuerpo es incitado permanentemente por los enemigos del hombre (demonio, mundo y carne) al pecado y que por lo tanto debemos aplacar sus embates mediante la mortificación, el ayuno y la penitencia.
Betancourt, con total desparpajo, echa por tierra toda la Tradición de los Santos Padres, teólogos, y pensadores, que son Santos canonizados, Doctores de la Iglesia algunos; y nos incita a despojarnos de esas prácticas y por el contrario a abrazar el amor al cuerpo y a sus cuidados, distorsionando todo lo que enseñó la Santa Iglesia Una, Católica, Apostólica y Romana.
Adiós San Francisco de Asís y la hermana muerte; adiós San Antonio abad, que con su vida ascética de 80 años en el desierto fue enterrado en vida en la soledad y en la penitencia. Adiós Santo Cura de Ars, con tantos años de penitencia y ayunos que le dejaron débil como una hoja en otoño, con las paredes de su cuarto aun manchadas con su santa sangre como testigos de sus penitencias. Adiós Santa Teresa de Jesús, que esperaba la muerte para librarse de “la vida que no se vive estando viva” . Adiós San Agustín que afirmaba: “¡Dios mío, Dios mío! ¡No me compadezcáis en este mundo! ¡Hacedme sufrir mucho! Con tal que me tratéis con misericordia en el otro, estoy ya contento!” Digámosle adiós también a San Francisco de Sales, quien habiendo caído en una grave enfermedad afirmaba: “¡Oh, cuan dichoso soy por haber hallado un medio tan fácil con el que expiar mis faltas! ¡Oh! Mucho más fácil es satisfacer a la Justicia de Dios en un lecho de dolor, que tener que satisfacerla en el ardor de las llamas”. Despidamos también a San Alejo quién permaneció, a causa de una grave enfermedad, catorce años acostado de un mismo lado, que estaba todo desollado. En esta cruel situación decía: “¡Dios mío, sois justo, y me castigáis porque soy un pecador y porque me amáis”! Finalmente (y para no poner a todos los santos) digamos adiós a Santa Liduvina, de quien narra el Santo Cura de Ars que su hermosura era extraordinaria. Pidió a Dios que si su belleza podía ser motivo de pecar y perder el alma, le hiciera la gracia de quitársela. En ese momento se llenó de lepra, lo cual la hizo objeto de horror a los ojos del mundo; esto duró treinta y ocho años, hasta el fin de su vida, sin que en todo ese tiempo dejara escapar una sola palabra de queja.
Todos equivocados, porque no debe existir ni un solo Santo canonizado que no haya llevado cilicio, flagelado su cuerpo, hecho rigurosos ayunos, quitado horas al descanso, etc. Ni uno solo, ha dejado de sentir al cuerpo como un elemento de pesadez para el crecimiento del espíritu.
¿La Iglesia equivocada, y un “espíritu santo” incongruente que hoy suscita una cosa que ayer era condenada, o por el contrario el delirio impío del Padre Darío Betancourt?
Pero Betancourt insiste de modo aún más denigrante ahora con la redención de Nuestro Señor:
“B) Mala interpretación de las bienaventuranzas . (pág 39)
Hablando acerca de Mt 5, 10: “BIENAVENTURADOS LOS QUE SUFREN PERSECUCIONES POR HACER LO QUE DIOS QUIERE, PUES EL REINO DE LOS CIELOS LES PERTENECE” según la particular traducción del Padre Darío Betancourt, dice sobre esta Bienaventuranza:
“ Ciertamente Jesús nos habla de persecuciones, incomprensiones y críticas por su nombre, pero nunca se refiere a epilepsias, úlceras o parálisis. Es decir los sufrimientos de afuera hacia adentro pueden venir como consecuencia de nuestra fidelidad al evangelio, pero las enfermedades de adentro para afuera son precisamente las que Jesús vino a suprimir con su cruz. ”
En primer lugar es obvio que aquí Nuestro Señor habla de persecuciones y no de úlceras ¿Quién ha dicho lo contrario? Pero lo más sorprendente es que para la “teología” del Padre Darío Betancourt (que dice tener estudios en Teología y Filosofía por la Gregoriana , Doctor en Teología Moral por la Anfolsiana y Licenciado en Psicología, en la Universidad de Fordham en Nueva York) Nuestro Señor se encarnó para suprimir con su muerte en la Cruz ¡¡¡las epilepsias, úlceras y parálisis!!!
Pero esto es antropocentrismo puro.
Escuchemos la explicación del filósofo católico Romano Amerio quien en su libro IOTA UNUM dice: El antropocentrismo es incompatible con el sistema católico, para el cual sólo existe un centro de la realidad universal: Dios contemplado en su trascendencia. La verdad preeminente que impide todo antropocentrismo (1) es que el fin primario de Cristo en su Pasión no fue salvar a los hombres (ése es el fin secundario), sino satisfacer ante la divina justicia la ofensa hecha por el hombre y así restaurar el honor divino . Solamente gracias al título conquistado ante el Padre con dicha satisfacción se convierte Cristo en Señor del género humano y se vale de tal señorío para salvarlo. Pero en todo esto Él amaba aún más la voluntad del Padre que a sus hermanos mismos. Tal posición subordinada del amor del hombre en el proceso de la Encarnación es patente en toda la liturgia: ésta no es en modo alguno antropocéntrica, sino cristocéntrica, y no tiene por término último a Cristo, sino al Padre (pues es a Éste, y no al Hijo, a quien se ofrece el sacrificio).
En conclusión, la filantropía puramente humanista que la concepción de Betancourt implica, no es compatible con la religión católica.
Por lo tanto, nuevamente debemos ver en estos párrafos del Padre Darío Betancourt una doctrina que no es católica, sino que es herética e impía , en la cual para Betancourt, Cristo se encarnó y padeció en la Cruz para curar las dolencias de nuestro cuerpo , lo cual no aconteció pues las enfermedades siguen. Luego la muerte en la Cruz sirvió de poco o nada.
El nuevo "Pentecostés"
En la página siguiente (40), se desdice de lo anterior y asegura:
“La muerte es la sanación completa porque es la liberación de todos nuestros males.”
¿En qué quedamos? Si hay liberación es porque hay esclavitud, luego, si la muerte es la liberación de todos nuestros males, lo liberado es el alma y los males están o quedan en el cuerpo. Quizás Betancourt entienda solo por males del cuerpo a las enfermedades y entonces se acerca un poco más. Pero estas contradicciones abundan en sus libros.
En la misma página dice:
“El señor Jesús participó de nuestra naturaleza humana, tenía carne y sangre humana, para aniquilar, mediante su muerte al dueño de la muerte, al diablo”
Esta no es una expresión propia de un sacerdote doctorado en Teología. En verdad, como hemos visto antes, no es este el sentido de la Encarnación y de la Redención. Pero además Dios no aniquila a sus criaturas, ni aún al demonio; no porque no pueda, sino por que es paradojal. De hecho aquí se afirma un acontecimiento que no ha sucedido; Cristo ha muerto, pero el Diablo no fue aniquilado, sino vencido.
Además el Diablo no es el dueño de nada más que de su voluntad obstinada en el odio a Dios, por lo tanto es una absoluta falsedad asegurar que el Diablo sea el “DUEÑO DE LA MUERTE ”, ya que Dios es el dueño de la vida y de la muerte: “Yaveh da muerte y vida” (1 Sam. 2,6); “Pues Tú tienes el poder sobre la vida y la muerte” (Sab. 16, 13); “Bienes y males; vida y muerte; pobreza y riqueza vienen del Señor” (Eclo. 11,14). Claro está que la muerte no es querida por el Señor, sino acto de su justicia a causa del pecado original. En la homilía de cierre de su “campaña” en San Luis, Argentina el día 14 de noviembre de 1999, aseguró que: “EL DEMONIO HACE MILAGROS” con lo cual se completa el círculo de su teología maniquea.