En el Capítulo 4 llamado “EL PERDÓN SANA”, comienza el verdadero escándalo que propone el Padre Darío Betancourt y que constituye no solo un error, no solo una impiedad o una herejía sino una verdadera blasfemia:
En la página 59 pregunta ¿A QUIENES DEBEMOS PERDONAR?
“Cuando un maestro de la ley le preguntó a Jesús que debía hacer para conseguir la vida eterna; Jesús le contestó: “ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como te amas a ti mismo” (Lc 10,27)
“Podríamos decir que así como el mandamiento nos ordena a amar a Dios, al prójimo y a sí mismo, de la misma manera debemos perdonar en tres direcciones.”
“A. Perdonar a Dios”
“Perdonar a Dios parece algo raro, pero existen personas con resentimientos hacia Él, culpándolo de sus desgracias y dolencias.”
“A veces se tiene resentimiento hacia Dios por algunas cosas, como la muerte de un ser querido, una oración no contestada, dolencias y adversidades que parecen como enviadas por Él, desgracias que pudieron ser evitadas, etc.“
“De todas estas cosas que nos pueden producir un resentimiento hay que perdonar para que no obstaculicen la sanación.”
“Perdonamos a Dios no porque haya hecho algo malo o equivocado en nuestras confrontaciones, pero nuestra psiquis, rechazando el dolor, identifica en Él la causa. La palabra adecuada para restablecer la amistad es perdonar. Es justamente esto lo que debemos hacer con Dios. Cuando una persona es desairada en sus confrontaciones, la actitud justa es decir: “Dios mío, yo te perdono”
Es increíblemente pecaminosa esta afirmación del Padre Darío Betancourt.
Aunque se encarga de decir que no es que Dios tenga errores, lo que afirma es sumamente peligroso: “EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS”. Como mi psiquis identifica a Dios con los eventos malos de mi vida, aunque sea una mentira, le debo hacer creer a la pobre gente que sigue la Renovación Carismática , que deben perdonar a Dios: Es una mentira, es para que se curen.
Ya en esta visión es pecaminosa. Pero no queda sólo en esta visión la cosa; para Betancourt, Dios no es el que da la muerte, no es el que castiga nuestros desvaríos para hacernos volver a Él. No es Dios quien por misericordia nos trae una enfermedad, una quiebra, o cualquier clase de aflicciones. La realidad es que justamente es Dios, quien por misericordia hace todo esto a fin de excitarnos a retornar a Él.
Para Betancourt es más fácil decir: “DIOS MÍO, YO TE PERDONO”, que decir: “Dios mío, yo acepto tu voluntad, que se haga tu voluntad y no la mía”.
A lo largo de la historia de la Iglesia no es posible encontrar un solo escritor que afirme esta impiedad.
Para el común de la gente gracias a esta postura de la pseudoteología de Betancourt, Dios se equivoca cuando no hace lo que nosotros queremos y puede entonces ser objeto de nuestro perdón; porque convengamos que si yo puedo perdonar a Dios, Dios no es Dios, sino que yo soy Dios. Y también cabe la posibilidad de que la “ofensa que Dios me ha hecho” sea tan grande que yo no quiera perdonarle.
Para este psicólogo que es Betancourt, lo único que importa es que el paciente en cuestión logre superar las barreras que tiene a cualquier precio. Caiga quien caiga. “EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS” De este mismo modo sería lícito recibir dinero del narcotráfico para dar de comer a los pobres, o de la masonería. Total, lo importante, es “que los hombres se sientan bien” no importa a que precio.
Seguimos viendo como la postura predominante no es la visión religiosa de la Iglesia Católica , que tiene a Dios como objetivo, punto de partida y llegada, es decir Teocentrismo, sino que todo es para el hombre, destinado para el bienestar del hombre, es decir antropocentrista.
Y esta no es la visión de la Iglesia de Cristo
El segundo paso es perdonar al prójimo y el tercer paso es perdonarse a uno mismo.
Todo vale para agradar al dios humanidad, hasta la danza y la ropa sugerente
En la página 63 se presenta un testimonio de esto. Un hombre ha contestado ruda y duramente a su madre que se hallaba postrada en una silla de ruedas. No le pidió perdón a ella, sino que se confesó y quedó allí. Al estar en agonía su madre, el hombre le pidió perdón por aquella circunstancia y la madre le contestó con su perdón.
Pero este hombre no se conformaba con estas circunstancias: Dios lo perdonó en el Sacramento de la Penitencia ; la madre lo perdonó en su lecho de muerte, pero los escrúpulos no lo dejaban vivir.
Este hombre recibió todo el perdón y hasta reparó el daño. Pero “se sentía culpable”.
“Al consultar con una persona me dijo: “tú le pediste perdón a Dios por el Sacramento y Él te lo concedió; le pediste perdón a tu madre y también ella te lo otorgó. Pero tú no te has perdonado a ti mismo. Hazlo y te sentirás mejor. Efectivamente después de hacer este acto de perdón y amor a mí mismo, desapareció el complejo de culpa.”
Es fácil entender que a la luz de todo lo expuesto lo que más interesa no es la certeza del perdón de los pecados por parte de Dios, ni tampoco el perdón de la madre ofendida. Lo más importante, lo que devuelve la paz, es el perdonarse a uno mismo; con eso logró sentirse bien.
Obsérvese el orden en que el Padre Betancourt expone los tres destinatarios de nuestro perdón: El primer peldaño es Dios; luego, perfeccionando el perdón que preciso por las ofensas que he cometido, mi prójimo; y en lo más alto, constituyéndose en el pináculo el cual si no es alcanzado es imposible conseguir la paz interior, el perdón cuyo destinatario soy yo mismo; antropocentrismo impregnado del más acendrado inmanentismo.
En la misma página comienza a hablar de normas prácticas para perdonar.
Estas normas serían cuatro:
1) DECLARAR A TODOS INOCENTES;
2) CREER NO TENER ADVERSARIOS;
3) ACEPTAR NO SER ACEPTADOS;
4) ORAR POR AQUELLOS QUE NOS INSULTAN.
En la segunda norma: creer no tener adversarios, el Padre Darío Betancourt nos inserta en el indiferentismo propio de los progresistas y modernistas:
“El hermano Roger, fundador de la comunidad ecuménica en Taizé, Francia, dice que una condición para lograr la reconciliación es liberarnos del hábito de creer que siempre tenemos un oponente, o sea, alguien que no está de acuerdo con nosotros, sea fundada o infundadamente.”
“No perdamos tiempo y energías tratando de averiguar quién está en lo cierto o quién está equivocado. No hay que perder el tiempo en confrontaciones que no dejan ningún fruto.”
Por lo tanto no se debe proclamar a Cristo que es la VERDAD por esencia. Porque Cristo y su doctrina verdadera dividen, no nos unen con nuestros “hermanitos separados”, objeto de predilección de la visión antropocentrista (modernista, progresista) con la que el Padre Betancourt pretende propagar el mensaje de Cristo.
El Card. Ratzinger dio la comunion al hermano Roger en los funerales de Juan Pablo II
Pero es en la tercera norma: “ACEPTAR NO SER ACEPTADOS” donde se llega a la herejía, ya manifestada en el punto del libro “SANADOS POR EL ESPÍRITU” donde afirma Betancourt que Cristo no es conciente de ser el Mesías, sino que va adquiriendo esa conciencia.
En este caso Cristo necesitaba orar para no ser “una persona descontrolada”:
“El padre Ignacio Larrañaga insiste mucho con esta tercera norma (aceptar no ser aceptados) haciendo notar cómo Jesucristo en sus noches de oración oraba para sanarse de la no aceptación por parte de los fariseos que a diario se oponían durante sus predicaciones. De no haberlo hecho, Jesús hubiera sido una persona altamente agresiva.”
Aquí queda claro que ni para Larrañaga, ni para Betancourt, ni para sus secuaces, Jesús es Dios, ya que esta afirmación niega la Divinidad de la Persona Adorable de Nuestro Señor.
¿Cómo podemos afirmar que Cristo se “curaba” orando en las noches? ¿Curarse de qué? ¿Cuál era la imperfección de Nuestro Señor? ¿Estaba agresivo, mal humorado tal vez, porque los fariseos no recibían su doctrina? ¿No lo sabía Él de antemano? ¿Los profetas lo sabían y Él que hizo a los profetas lo desconocía?
Por otra parte, aún suponiendo, en un desvergonzado ejemplo de blasfemia, que se puede discutir el conocimiento previo de Jesús sobre esta actitud de los fariseos, ¿Es posible creer que la “novedad” hubiera despertado agresividad o malos tratos por parte de Nuestro Señor? ¿Acaso Jesús no es el Verbo Encarnado?
¿Cristo puede tener esas imperfecciones: desconocimiento de lo más intimo de los pensamientos de cualquier mortal, agresividad, mal humor; como cualquier otro ser humano nacido en el pecado original?
El famoso franciscano Ignacio Larrañaga, un hereje más del concierto
Completemos este aspecto de las blasfemias y herejías que proclama el Padre Darío Betancourt con una oración redactada por otro sacerdote (¿hasta cuándo, Dios mío?).
Páginas 68 – 69 –70 – 71:
“El padre Roberto de Grandis compuso la siguiente oración para poder perdonar:”
“Señor Jesucristo, hoy te pido la gracia de poder perdonar a todos los que me han ofendido en la vida...”
(en primer lugar debo perdonar al que más me ha ofendido)
“Señor Dios, yo te perdono por todas las veces que pensé que Tú enviabas la muerte a mi familia ya que la gente decía que era “la voluntad de Dios”. Si ha habido algún resentimiento subconsciente en mí, yo te perdono Señor.”
En esta primera estrofa, ya notamos los errores profesados:
Señor Dios, YO TE perdono; como si dijéramos: con toda mi autoridad, con toda mi dignidad y mi gloria te hago la gracia de perdonarte, Dios. ¿Más blasfemia será posible?
La muerte parece no ser la Adorable Voluntad de Dios. ¿Ya no es Dios quien envía la muerte? ¿Quién será en estos tiempos modernos? ¿Adónde iremos a buscar la Verdad ?
Prestemos atención a lo incongruente de la frase:
“Si ha habido algún resentimiento “subconsciente” (¿no será inconciente?) en mí, yo te perdono Señor. ¿Quién tiene resentimiento con quién? ¿Acaso no sería la lógica construcción de esta frase la siguiente: “Si ha habido algún resentimiento subconsciente en mí, te pido Señor, postrado ante tu majestad, que perdones este pecado en mí?
O en todo caso, siguiendo la lógica de los Carismáticos en general y del Padre Darío Betancourt, podría ser más adecuado decirlo así: “SI HA HABIDO ALGÚN RESENTIMIENTO SUBCONSCIENTE EN TÍ, NO TE PREOCUPES, YO TE PERDONO SEÑOR.”
Sigue diciendo esta “oración para conseguir perdonar”
“Yo te perdono también por las dificultades, problemas económicos, castigos, ya que pensaba que Tú los enviabas a mí y a mis familiares. Señor, es posible que de niño haya guardado estos resentimientos, pero ahora yo te perdono.”
Se sigue manifestando lo inicuo del comentario acerca de la Divina Providencia que opera, ya por acción, ya por permisión, pero siempre presuponiendo en todos sus designios la Infinita Misericordia de Dios. ¿Por qué no enseñan a la gente la verdad?
Leamos lo que dice el Señor ante las desgracias que cayeron sobre los judíos en tiempos de los Macabeos:
“Ruego a los lectores de este libro que no se desconcierten por estas desgracias; piensen antes bien que estos castigos buscan no la destrucción, sino la educación de nuestra raza; pues el no tolerar por mucho tiempo a los impíos, de modo que pronto caigan en castigos, es señal de gran benevolencia. Pues con las demás naciones el Soberano, para castigarlas, aguarda pacientemente a que lleguen a colmar la medida de sus pecados; pero con nosotros ha decidido no proceder así, para que no tenga luego que castigarnos, al llegar nuestros pecados a la medida colmada. Por eso mismo nunca retira de nosotros su misericordia: cuando corrige con la desgracia, no está abandonando a su propio pueblo.” (2Mac 6:12-16)
¡Que diferencia existe entre la mentira y la Verdad !
Pero más aún; en la tercera estrofa, esta “oración” que es en realidad un insulto a Dios Nuestro Señor, afirma:
“Señor, me perdono a mí mismo por mis pecados, por mis faltas y mis caídas. Por todo lo que es verdaderamente malo en mí, por todo lo que pienso que es malo, me perdono a mí mismo.”
“Me perdono por cualquier participación en espiritismo, brujerías, horóscopos, consultas de adivinos y búsqueda de suerte. Por tomar tu Nombre sin necesidad, y por no adorarte como Tú te mereces.”
“Por haber herido a mis padres, por emborracharme, por drogarme, por mis pecados contra la pureza, por adulterio, por aborto, por robar, por mentir, por todo esto me perdono sinceramente. Gracias Señor, por tu gracia en este momento.”
Es simple lógica. Si puede perdonar al Todopoderoso, ¿cómo no se va a perdonar a sí mismo?
Pregunto: ¿De qué servirá la absolución del sacerdote si yo me puedo perdonar mis pecados?
Como ya hemos visto, en la imposición de manos que le hicieron al Padre Darío Betancourt unos laicos en Puerto Rico, los legos ya no necesitamos de los sacerdotes ni de los Obispos; nos perdonamos nosotros mismos; el Espíritu Santo fluye de las manos de cada uno de nosotros.
Además, obsérvese la sutil malicia de la segunda frase del primer párrafo de la oración: “... por todo lo que pienso que es malo... ”, como si la maldad de mis obras dependiera de mi concepción intelectual acerca de cada una de ellas; reemplazamos la objetividad de los malos actos por el juicio personal e individual que, según Betancourt, De Grandis y sus prosélitos, es la medida de la bondad o maldad de mi alma.
Esto es protestantismo puro.
Pero además, es negar una vez más el Magisterio de la Una , Santa, Católica y Apostólica Iglesia Romana, fundada por Cristo, Rey del Universo, Dios Verdadero.
La Iglesia determina que en caso de aborto, los cooperadores materiales y formales, como la madre, médico, partera, etc. sean penados con EXCOMUNIÓN LATÆ SENTENTIÆ, que significa una excomunión sin aviso previo, que sólo puede absolver un sacerdote autorizado por el Obispo para esta ocasión, o al menos algún sacerdote válidamente ordenado.
Pero estos “sacerdotes” le dicen a los fieles que uno puede perdonarse los pecados a sí mismo.
Y de este modo sigue avanzando sobre la posibilidad de perdonar a todos, incluso, al Obispo, a los sacerdotes y también:
“A mi Iglesia... por su mezquindad, falta de apoyo, por no ser una inspiración para mí,...”
Obviamente se refiere a “su” iglesia y no a LA IGLESIA.
Este es el P. Robert de Grandis, autor de la oración blasfema
Los nuevos "dones": EL BAÑO DE LUZ
En el Capítulo 5 (pág 73) hace aparición un nuevo “don”; “EL BAÑO DE LUZ”:
Dice Betancourt:
“Un baño de luz no es otra cosa que, con la ayuda del señor Jesús, tratar de encontrar: Una respuesta a algo que nos molesta y nos hace sufrir. Una razón a aquello que nos impide ser felices y no nos permite progresar espiritualmente. La causa de un bloqueo o trauma. Una luz para aquella oscuridad que produce una parálisis en la vida espiritual.”
Ejemplo: una persona agresiva, a la que todo le disgusta, le pide al Señor que lo ilumine para conocer qué le está sucediendo, viene el Señor y se lo explica. ¡Qué fácil! Apariciones, éxtasis, visiones del Señor.
¡Cuántos “santos místicos” hay entre los carismáticos!
Pensar que Santa Teresa de Jesús vio la mano de Jesucristo y quedó paralizada de la impresión de la Gloria durante un largo tiempo. O que Pedro, en el Tabor, tuvo tanto miedo al ver lo que rodeaba al Señor Transfigurado, que se postró rostro en tierra.
Pero la “santidad” de estos “católicos” renovadores es mucho mayor. Con solo pedirle a Jesucristo que los ilumine, el Señor se les aparece y habla con ellos, como si fuera lo más natural del mundo.
“Una religiosa hacia 32 años que estaba en el convento.”
“Durante los primeros veinte años, viví muy feliz, (explica) pero durante los últimos doce sufrí un infierno. No quería a nadie, ni nadie me quería. Pedí ayuda para remediar mi mal y me aconsejaron un “baño de luz”. Por la noche estando en la capilla le dije al Señor:”
“Señor Jesús: ilumíname ¿cuál es la causa por la cual vivo tan aburrida en el convento por estos últimos doce años?”
“Vi entonces que del sagrario salía el Señor Jesús e iba acercándose muy sonriente y muy amoroso. Me quedé mirándole y cuando ya le tuve cerca le volví a preguntar:”
“Señor ¿por qué vivo tan aburrida en mi vida religiosa?...”
“El Señor me contestó:”
“¿Qué relación hay entre las revistas que estás leyendo y Yo?”
“¡Señor, pero esas revistas no son pornográficas!”
“Precisamente porque no son pornográficas las lees, pero te están llenando del mundo de vanidades que te vacían de Mí y te disipan, separándote de Mí tú me has sacado de tu corazón. Tú ya no sientes lo que antes sentías por Mí ni lo mío te enamora, ni te atrae. Esta es la razón por la que vives tan aburrida en la vida religiosa.”
“Esta religiosa hacía exactamente doce años que estaba leyendo revistas del mundo que en vez de llevarla a enamorarse del Señor cada vez más, lo que hacían era distraerla y separarla de su Amor; y le habían arruinado su vida de oración. El baño de luz le hizo conocer el origen de su problema.
Forzando la imaginación, vamos a conceder que pudiera existir una situación como esta de manera excepcional y muy esporádica, pero aún en tal supuesto ¿podría enseñarse, o fomentar su búsqueda como una técnica infalible?
Veamos ahora este otro caso increíble (pág 74):
“En un retiro en Guatemala, mientras hacía el baño de luz, uno de los asistentes narró la siguiente experiencia:”
“Cuando sentí la presencia del Señor. empecé a hablarle y me sentí muy disgustada con Él y le reclamé llorando que no me amaba y nunca me había amado. El Señor me contestó: - “Yo siempre te he amado.”
“Entonces yo le reclamé: “yo no creo que Tú me ames, porque si Tú me hubieras amado, no me hubieras quitado mi madre a la edad de ocho años”.
“En ese momento sentí cómo el Señor me recostaba contra su pecho y con mucho cariño y amor me acariciaba y me secó las lágrimas. Mirándome me dijo: “¿crees que no te amo porque me llevé a tu madre? ¿Sabes? Cuando vine a buscarla era porque ya había cumplido la misión que le había confiado. Y esa misión era la de darte la vida. Yo estoy satisfecho con ella, y quise traerla conmigo para darle el premio que le tenía prometido ¿o crees que hubiera sido mejor que ella estuviera hoy contigo pasando estos años paralizada y enferma como estaba?”
“Sentí que Jesús me colocaba sobre los brazos de la Santísima Virgen y me decía: “
“Mira hija, si has tenido Madre. No has estado sola nunca, mi madre que también es tu Madre ha estado contigo y te ha acompañado siempre.”
“Sentí que la Virgen me abrazaba y me acariciaba, a tiempo que me cubría con su manto y me decía: - hija, siempre he estado contigo. Te amo mucho. Eres mía.”
“Entonces sentí que mi vida se llenaba de alegría. Luego Jesús me miró y me dijo:”
“- ¿Por qué no me entregas a tu mamá? ¿puedo llevarla conmigo?”
“Por primera vez puse a mi madre en las manos del señor y la recordé con profunda paz. Luego el Señor me dijo: “voy a mostrarte que si te amo y que nunca te he olvidado y siempre he estado contigo. ¿quieres ver como te amo? ¿no te has dado cuenta que te di un esposo y unos hijos que te aman y se preocupan por ti? ¿no eres feliz en tu hogar? Hija, yo amo a los míos dándoles lo que necesitan.”
“Entonces sentí que me abrazó y me dijo: "Yo soy tu verdadero Padre. Mi Madre y yo te amamos y estamos siempre contigo". Comencé a llorar; pero de gozo y con paz.”
“Nunca había sentido tanto amor en mi vida. Por primera vez pude perdonar al Señor por este resentimiento tan fuerte...”
Es difícil imaginar a alguien que ante la visión del Señor, se anime a recriminarle al Dios de toda majestad algo que ha hecho y que la persona considera que está mal hecho. Insistimos que es perverso enseñar esto como técnica, además de ser una gran mentira psicológica.
Pero veamos más de estos “baños de luz” donde el Señor se presenta ante el llamado de los Carismáticos y sus reuniones:
Bajo el subtítulo “RESPUESTA INMEDIATA” (pág. 79) encontramos este desconcertante testimonio:
“Los testimonios recibidos certifican que nuestro Dios nos responde inmediatamente cuando le pedimos que nos bañe con su luz.”
“Una señora que tenía problemas por infidelidades constantes de su esposo le preguntó al Señor:”
“Señor; ¿qué debo hacer con tanta infidelidad de mí esposo? “
"Perdón".
“Lo que pasa es que perdonándolo se aprovecha de mi perdón. Ya me canse de perdonarlo.”
“Cuando te digo perdón no me refiero a que lo perdones sino a que le pidas perdón por no ser la mujer que él anda buscando y necesita. Pídele perdón por juzgarlo y condenarlo, por no ser solícita y cariñosa como lo eres con otras personas.”
Increíble.
El “Señor” reta a la mujer ofendida por el marido, diciéndole que debe pedirle perdón al adúltero y ser la “mujer que él anda buscando y necesita”.
I N C R E Í B L E
Pero leamos este otro “testimonio” que publica el Padre Darío Betancourt:
Se trata de una mujer que ha sido “abusada”, violada por un médico. Al realizar la “técnica” del “Baño de luz”, recibe este consejo de quien interpreta es el Señor.
“Aunque ya te has confesado del incidente con el médico, sin embargo lo odias inconscientemente en tu corazón. Perdónalo, pero ojalá se lo dijeras personalmente, diciéndole al mismo tiempo que Yo lo amo por sus debilidades y pecados; que se vuelva a Mí para sanarlo.”
“Yo te amo mucho y te tengo en mi corazón. Jesús.”
El “Señor” incurre en una inexactitud manifiesta. Supuestamente dice que Él ama al médico por sus debilidades y pecados; pero Dios no puede amarnos por lo que aborrece, que es el pecado. Luego hay mentira; luego no es el Señor.
Eso era fácil de saber simplemente al conocer la técnica.
Por otra parte, y esto es muy importante, observemos que todas las supuestas apariciones de Jesús y de la Virgen a estos “elegidos” de la época de la globalización, son en forma y con modalidades meramente humanas, donde no existe manifestación ninguna de la Majestad y Gloria de Dios Nuestro Señor ni de la de su Santísima Madre.
En efecto, Cristo, en lugar de señalar con precisión divina lo que corresponde en cada caso en particular, dialoga con los destinatarios de su aparición, permitiendo, incluso, que el agraciado le discuta, le reproche y lo amoneste.
Cristo apoya la cabeza de la mujer en su pecho, la acaricia y le seca sus lágrimas; lo mismo hace Nuestra Señora.
En lugar de sentirse turbados, asustados o empequeñecidos por la presencia del Redentor y de su Madre, los visionarios los tratan de igual a igual, e —inclusive— con cierto dejo de autoridad en sus expresiones.
¿No será que, más que los elegidos de la Religión Católica de estos últimos tiempos de globalización, estos son los elegidos para crear una religión globalizada?
Escuchemos ahora el comentario de la mujer y el “cambio” que aquel “baño de luz” produjo en su vida:
“Padre Darío, quiero que sepa que lo hice, y no puedo expresarle lo que sentí. Nunca antes había tenido tanta paz, todo se ha transformado, amo mucho hasta el punto de que todo me parece lindo, hasta las personas de mí mismo sexo me parecen hermosas todas. Todo me gusta. Todo me agrada. Bueno, estoy de luna de miel con Jesús. Pero lo más importante era decirle que estoy sana de todos los males físicos y espirituales. Hasta la cara como que se me desarrugó.”
“Alabado sea Jesús. Con afecto.”
Este repentino cambio (operación de lifting incluida) es por demás preocupante: “hasta las personas de mi mismo sexo me parecen hermosas todas. Todo me gusta. Todo me agrada”. ¿Por qué causa dirá que las personas de su mismo sexo ahora le parecen hermosas? ¿Acaso antes le parecían desagradables? Al menos concedamos que la frase citada es un indicio de pensamientos impuros.
Sobre la frase “estoy de luna de miel con Jesús”, si estuviera en otro contexto no pasaría de ser una “sensiblería más”, pero con este entorno... al menos es raro. Es una frase nada descriptiva de lo que debe ser una Vida Espiritual verdadera.
Luego de estos “testimonios” el Padre Darío Betancourt se refiere en la página 80 a CÓMO SE HACE EL BAÑO DE LUZ: dice que ES UN MÉTODO DE ORACIÓN INSPIRADO EN LOS MÉTODOS DE MEDITACIÓN DE LOS SANTOS MÍSTICOS DE LA IGLESIA CATÓLICA. Trata de legitimar estas pretensiones de los Carismáticos y de él mismo “apoyándose” en los Santos y, claro está, tergiversando como todo hasta ahora, los textos de San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz.
Dice:
“Se necesita ante todo un lugar tranquilo, que invite a la oración, al diálogo.”
“Se debe imaginar al Señor de una manera muy humana, algo así como se apareció a sus discípulos después de su Resurrección, y aunque su Cuerpo ya está glorioso, no debe verse con rayos o luces, sino sonriendo y con sus llagas en sus manos y sus pies, como invitándonos a meter nuestros dedos en sus llagas, como lo hizo con su apóstol Tomás. Es necesario representarnos la persona del Señor de la manera más imaginativa y positiva posible.”
Analicemos algo de estos dos primeros pasos de la técnica. Iremos viendo a través de ella las similitudes que posee con las técnicas de auto hipnosis y control mental. Son asombrosas las coincidencias. La necesidad de utilizar un lugar tranquilo (tal vez quiera significar “confortable”, “cómodo”; no sea cosa que el que quiera ver al Señor sufra algún tipo de mortificación) y por otro lado los recursos a la imaginación.
Debemos hacer notar que si bien la imaginación como parte de nuestro intelecto bien utilizada es muy buena, también del mismo modo es el lugar donde el hombre es más frágil a los embates del demonio. Las tentaciones siempre son en la imaginación. Por lo tanto puede ser un recurso válido hecha la salvedad de tener una buena dirección espiritual. No como postulan las premisas de la Renovación Carismática: escuchar las voces interiores, seguirlas, y luego consultar con el sacerdote, o como hemos visto en el caso del Padre Darío Betancourt cuando pensaba que oraba en lenguas, negarle este conocimiento al sacerdote, ocultarle las voces interiores y cumplir o seguir las inspiraciones que estas nos den. De este modo solo se abre la puerta para que el demonio se vista de ángel de luz e interaccione con nuestra memoria e imaginación. Por lo tanto es un recurso sumamente riesgoso, ya que el demonio, como dice San Pedro, anda como león rugiente buscando a quien devorar.
En el párrafo se hace referencia también al error que en este segundo libro vuelve a manifestar Betancourt acerca de las llagas y Santo Tomás Apóstol: el Señor no aprueba la actitud de Santo Tomás, al contrario; dice que premiará a aquellos que crean sin ver, sin tocar, sin sentir, sino que crean por la fe, que es un asentimiento intelectual a las verdades reveladas por Cristo y que nos enseña la Santa Madre Iglesia; la fe no consiste en lo que siento acerca de las cosas de Dios. No es subjetiva. Depende de la autoridad delegada por Nuestro Señor en su Santa Esposa, no de lo que yo siento o imagino.
“Diálogo: la oración se desarrolla con un diálogo a solas entre dos personas: el Señor Jesús y tú. Nadie más debe venir a la escena. Los dos solos.”
Esta escena, que se desarrolla en el “laboratorio” de la imaginación, es una de las técnicas más utilizadas por el Control Mental. Los “ayudantes” generalmente son dos. Quizás por eso se hace hincapié en que nadie más debe venir a la escena. Ya ampliaremos sobre el tema del Control Mental y técnicas de reforma del pensamiento y condicionamiento conductual que son algunas de las técnicas que utilizan los Carismáticos y el Padre Darío Betancourt.
La expresión diálogo a solas aquí cobra una impresionante verosimilitud, ya que es un diálogo de uno mismo con su propia imaginación. Es literalmente un diálogo “a solas” con uno mismo. Imaginemos lo que puede salir de “imaginar” que Nuestro Señor nos da las soluciones para resolver nuestros problemas, o nos marca caminos a tomar. Los resultados pueden ser desde escabrosos a trágicos.
Pero como siempre todo lo de la Renovación Carismática y del Padre Darío Betancourt son adulteraciones de la realidad de los Santos, ellos abusan de las experiencias místicas, que son premios a la perseverancia y dones gratuitos del Señor, haciéndoles creer a sus ingenuos seguidores que pueden manipular la Divina Voluntad y obligar a Nuestro Señor, el Espíritu Santo, la Santísima Madre de Dios o los Santos, a efectuar manifestaciones sensibles. Es aquí, ante esta pretensión de la soberbia en extremo de estos “ungidos” donde el demonio, astuta y pacientemente, acecha para sacar su tajada.
“Escribir en vez de hablar; hay personas a las que no les es fácil hablar con el Señor, pero sí pueden expresarse más fácilmente por escrito. Para esto, es buena cosa escribir una carta al Señor comentándole el problema y pidiéndole respuestas a las preguntas. Mientras el Señor responde, se debe permanecer en oración y silencio, y una vez que comience a responder, se debe escribir.”
Es la confirmación de todo lo expuesto. Yo escribo como una carta, describo mis problemas y hago las preguntas pertinentes; luego rezo y espero. El Señor está obligado a contestarme. Cuando comience a responder debo escribir lo que el Señor me va diciendo. ¿Qué pasa si el Señor no me contesta? Eso no sucede; como tampoco sucede naturalmente que el Señor responda. Podría suceder, claro; pero la inmensa mayoría de las veces esto no sucede; como esto sería un milagros, es una operación excepcional. Tal como presenta Betancourt, esas cosas parecen operaciones comunes y normales y por lo tanto habituales y naturales: yo le escribo a Cristo una carta, Él me responde; yo escribo la respuesta y ejecuto lo que Él me dice. ¡Qué mentira más grande! Y pensar que hay legiones de seguidores; es más: la mayoría muy pronto creerá en todas estas falacias.
Decíamos que este “Señor” que invoca Betancourt para realizar el “baño de luz” siempre responde porque no es más ni menos que unaauto respuesta interior. Ante la negativa de la presencia de la Santa Persona de Nuestro Señor en el aposento de esa psiquis contaminada con las mentiras de estas técnicas, se hace necesario como mecanismo de defensa de la misma persona obtener “alguna” respuesta. Esa respuesta provendrá de su misma imaginación (la inmensa mayoría de los casos) o de algún demonio o ángel (las menos). ¿Debo seguir estos consejos que me son dados por estas voces en diálogo a solas?
“¿Cuántas veces se hace? Tantas veces cuantas sean necesarias hasta recibir una respuesta del Señor a la necesidad pedida, hasta que Él ilumine la causa del mal” (Pág. 83)
“Resultado: al conocer la causa de nuestros males, el resultado lógico ha de ser que si ponemos en práctica lo que el Señor nos dice, va a realizarse en nosotros una transformación notoria.”
Ya hemos visto a quien estaríamos siguiendo posiblemente.
Analicemos un poco el último punto: Betancourt pretende que con esta técnica obtendremos como resultado el conocimiento de la causa de nuestros males; esto, lógicamente, implica que desconocemos que el demonio y nuestra naturaleza herida por el pecado original son el germen de todo mal. Por otra parte, al esperar de estas pseudorrevelaciones las indicaciones de Cristo acerca de lo que debemos hacer, está negando toda la Revelación , los Santos Evangelios, el Sermón de la Montaña , el Padrenuestro, los Sacramentos y todos los demás elementos que Cristo y su Santa Iglesia nos aportan como medios e instrumentos de salvación.
Es decir, si no acudimos al “baño de luz”, no habremos de saber lo que el Señor nos dice...
En la página 89 y hablando del tema de LA ORACIÓN GENEROSA el Padre Darío Betancourt dice:
“Otra oración generosa fue la que hice el día en que me despedí de los hispanos en Nueva York para dedicarme de tiempo completo a la Renovación Carismática :”
¡Oh!, Jesús, manso y humilde de corazón, escúchame: Líbrame del deseo de ser estimado, del deseo de ser amado, del deseo de ser exaltado, del deseo de ser honrado, del deseo de ser alabado, del deseo de ser consultado, del deseo de ser aprobado, del deseo de ser preferido. Líbrame del miedo de ser humillado, del miedo de ser despreciado, del miedo de ser rechazado, del miedo de ser calumniado, del miedo de ser olvidado, del miedo de ser ridiculizado, del miedo de ser censurado, del miedo de que sospechen y desconfíen de mí.
Jesús concédeme la gracia de: que otros sean más estimados que yo, que otros sean escogidos y yo ignorado, que otros sean alabados y yo desconocido, que otros sean preferidos en todo, que en la opinión del mundo otros suban y yo baje. Que otros lleguen a ser más santos que yo con tal que yo llegue a ser tan santo como debo ser.
Un insospechable vuelco en la psiquis del Padre Darío Betancourt: quiere ser de los más humildes, olvidados y despreciados del mundo. Pero esto no es verdad. No es verdad que esta oración la haya hecho él.
Aunque le ha cambiado algunos términos, es una copia casi exacta de la primera parte de la oración compuesta por el Cardenal Merry del Val que se llama: “LETANÍAS DE LA HUMILDAD ”.
Supongamos que lo que ha querido decir con “la que hice” sea “la que recé”. No es precisamente el sentido de sus “actuaciones” en los estadios —haciéndose pasar por un “ungido” de Dios, curando, recibiendo “dones“, etc.— el de ser olvidado, despreciado, rechazado, etc.
Tal vez por eso ha omitido la continuación de la oración, que nos permitimos transcribir para que se vea qué es lo que no ha rezado (y no quiere para sí) el Padre Betancourt:
Concédeme, Jesús: el conocimiento y el amor de mi nada, el perpetuo recuerdo de mis pecados, la persuasión de mi mezquindad, el aborrecimiento de toda vanidad, la pura intención de servir a Dios, la perfecta sumisión a la voluntad del Padre, el verdadero espíritu de compunción, la decidida obediencia a mis superiores, el odio santo a toda envidia y celo, la prontitud en el perdón de las ofensas, la prudencia en el callar los asuntos ajenos, la paz y la caridad con todos, el ardiente anhelo de desprecios y humillaciones, el ansia de ser tratado como Tú y la gracia de saber aceptarlo santamente.
María, Reina, Madre y Maestra de los humildes, ruega por mí. San José, protector y modelo de los humildes, ruega por mí. San Miguel Arcángel, que fuiste el primero en abatir a los soberbios, ruega por mí. Oración: Señor Jesús, que siendo Dios te humillaste hasta la muerte y muerte de cruz para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio, concédenos la gracia de imitar tu ejemplo para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de Ti en el cielo. Amén.
Claro, es muy pesado para el Padre Betancourt el hablar de sus pecados y su mezquindad; es muy duro pedir el aborrecimiento de toda vanidad, la perfecta sumisión a la voluntad del Padre, la obediencia a los superiores; es inaceptable pedir espíritu de compunción y el ardiente anhelo de desprecios y humillaciones.
Finalmente, es insoportable recordar que Cristo se humilló hasta la muerte de cruz, y sumamente imprudente, para las técnicas empleadas en el movimiento carismático, y para sus integrantes, estar ansioso de ser tratado como Cristo en su Pasión, y tratar de aceptarlo santamente.
Pero además el Padre Darío Betancourt ha manifestado varias veces públicamente, en televisión inclusive, que él no forma parte de la Renovación Carismática , que él no es un cura de la “Renovación”. Es decir que miente una vez más. En este párrafo que analizamos dice que deja a los hispanos de New York, es decir a sus feligreses, para dedicarse tiempo completo a la Renovación Carismática.